martes, 26 de marzo de 2013

La Vida y La Muerte

Hace mucho, mucho tiempo, existía la eternidad, existía la gracia de la muerte con sus dones y sonrisas.

Hace mucho, mucho tiempo, existía la vida eterna y solo podían obtenerla aquellos de corazón bondadoso y alma pura. La muerte se llevaba a los que vivían con la oscuridad en sus corazones, y así la vida permanecía de un blanco sencillo y feliz.

Pero ese trato no podría durar. La muerte pronto comenzó a cobrar otra clase de vidas: vidas santas.

Se llevaba a madres, a hermanos, a amigos y profesores. Se llevó a líderes mundiales y artistas internacionales. Y dejó a muchos otros, a toda esa gente que perdió su corazón bondadoso frente al dolor que causó la muerte, a toda esa gente que perdió la calidez de su sonrisa.

No se necesito mucho para que el mundo cayera en la desconocida desesperación. La vida comenzó a pintarse de negro y azul, de rojo y verde. Dejó de ser blanca. Y ella fue con la muerte, pidiendo que cargara con eso, que borrara el odio, la nostalgia, la ira y la enfermedad de su piel. Pero la muerte se negó.

La vida no entendía, pero la muerte le dijo que debía hacerlo. Todo eso que la pintaba ahora, la muerte no "lo borraba". Hacía mucho tiempo, antes de que aceptara cargar con todo el mal de la humanidad, ambas eran iguales. Igual de blancas y puras, pero eso no duró mucho. Era ella, la muerte, la que había tenido que cargar con todo ese dolor y tristeza todo este tiempo, con el rechazo de los humanos y su temor.

Por mucho tiempo lo soportó, pero ahora eso cambiaría. Privaría a los humanos de la vida eterna. Si el trato que la vida y la muerte habían mantenido todos esos milenios hubiera continuada solo un par de cientos más, entonces ni la vida habría salido limpia. Pronto habría perdido el control de si misma, llevándose sin diferenciar entre bien o mal a todo humano. El egoísmo de la vida había llevado a la muerte a comenzar a llevarse sus luces para tratar de equilibrar sus colores y disminuir su oscuridad, pero había sido tanto… La oscuridad no se borra fácilmente. Una luz no hace diferencia ya. Lamentaba decirle que, de ahora en más, tomaría muchas más de sus motas blancas. Por cada persona mala que la vida le entregara, tomaría a tres personas puras para compensarse. Así que era su deber, sino quería seguir ensuciándose de ese modo, dar más luz que oscuridad y así ambas recuperarían pronto su equilibrio.

 Y ahora, ¿qué haría la vida para ello?

La muerte fue y será, la salvación de la vida...
 

domingo, 24 de marzo de 2013

El Inicio

Hace mucho, mucho tiempo, La Vida era vacía. La Vida era como una gran masa de plastilina en constante cambio de forma. No era ninguna figura, ningún paisaje, ningún ambiente.
La Vida no era algo que conociéramos. Y de repente, se expandió. Pum.
¿Qué pasó? La Vida fue como una pizarra en blanco en 3D, de infinitas posibilidades. Y en ese espacio, en relieve apareció una figura. Una figura que primero ya existía, que estaba existiendo, y que continuaría existiendo. No, no era algo que pudiéramos comprender los humanos.
Eran Tres figuras de Una.
Era Pasado, Presente, Futuro.
Y ellos fueron la Razón de La Vida, su "porqué" de existir.

No tarde, casi de manera temprana, ellos crearon cuatro seres.

Destino. Su primógenito. Lo Existente.
Sí, él sería quien se sentará en la silla de La Vida. Él sería quien vigilaría, quien velaría por el universo.
Y que orgulloso estaba de su labor.

Tiempo, Amor, Azar. Las hermanas suyas. Las Inexistencias.
No, ellas no tomarían el mando. Pero ellas serían lo que podría definir a La Vida. Al mismo nivel de influencia que su hermano primero, pero sin ningún derecho de mando.

De manera siguiente, dieron existencia a cuatro más, pero no fueron sus padres. Esta vez, tomaron un pellizco de la esencia de cada uno de sus hijos para crear a las siguientes cuatro existencias.

Guardianes. La forma física de La Vida. ¿Pero "guardianes" de qué?
Necrophilos. Mediadores. Los primeros anhelos, sueños. Esperanzas y desilusiones. Sí, ellos fueron los primeros sentimientos sinceros.
Verdugos. Los mensajeros del gemelo. ¿Pero mensajeros para quién?

Destino preguntó. ¿Por qué?
Algo no parecía encajar. Simplemente los lugares que ocupaban cada existencia. ¿Faltaba una? Pero sus padres no habían creado nada, aunque fuera tarde. ¿Cúando? ¿Qué era lo que faltaba?
Una base, los cimientos. A quien cuidar.
Bueno, ellos eran Los Momentos de La Vida, podían fundar su universo en el orden que quisieran, así como poner el inicio al final. Porque Futuro dijo que esa sería su última acción.

Ellos serían la máxima representación de La Vida. Sí, las nuevas existencias serían su mayor acción. Y aunque los crearían desde su propia esencia, no podrían ser llamados sus hijos. Antes de actuar, le dieron una última advertencia a su primogénito: "No subestimes a los humanos. Ellos fueron y serán la razón de La Vida."
Antes de que pudiera detenerlos, sus padres desaparecieron.

Por un tiempo, vieron como las cosas sucedian de manera casi lenta, aunque para ellos no había medida de tiempo definida, y Tiempo estaba resentida para darles un buen sentido de percepción para su paso.
Las cosas eran lentas, pero definidas.
Los Verdugos se llevaban la esencia de La Vida que guardaban de forma personal los seres vivos. Los Guardianes solo tuvieron deberes cuando el ser humano tomo consciencia de si mismo y comenzó a crear deidades y creencias; los necrophilos dormían hasta que llegaba el momento de alguna revolución en la humanidad.
Oh, La Humanidad. Un espacio creado exclusivamente para esa existencia. Para lo que fueran las existencias más poderosas de La Vida, para esos seres tan frágiles, rebeldes, cambiantes, únicos...
Humanos. Los Humanos.
O como fueron conocidos en un inicio: Los Momentos de La Vida, ahora fusionados en un solo ser.